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Había una vez una nube pequeñita llamada Lila, que vivía en el cielo junto a muchas nubes grandes. A Lila le encantaba mirar todo lo que pasaba abajo: los árboles moviéndose con el viento, los pájaros volando alegremente y los niños jugando en el parque.
Un día, Lila dijo:
—Quisiera conocer el mundo de abajo…
El viento ablel, que era su buen amigo, escuchó su deseo y sopló suavemente:
—Fiuuu… Si quieres, puedo llevarte de paseo.
Lila se emocionó tanto que empezó a brillar como algodón iluminado.
—¡Sí, por favor! —dijo dando pequeños saltitos de nube.
Entonces el viento la empujó despacito y Lila comenzó a viajar por el cielo. Pasó por encima de un bosque y saludó a los árboles:
—¡Hola, árboles! ¡Qué hojas tan verdes tienen!
Los árboles movieron sus ramas como diciendo “hola”.
Más adelante, Lila vio un lago brillante como un espejo.
—¡Qué bonito reflejo! —dijo encantada.
El lago le respondió con un chap chap de olas pequeñitas.
Cuando llegó al parque, Lila vio a un grupo de niños que miraban hacia arriba.
—¡Miren, una nube con forma de corazón! —gritó una niña.
Lila sonrió feliz y trató de acomodarse para verse aún más bonita.
Pero de pronto sintió cosquillitas en su pancita de nube… ¡Estaba tan feliz que comenzó a soltar gotitas!
—¡Está lloviznando! —dijeron los niños mientras corrían, riendo, bajo la lluvia suave.
Lila se dio cuenta de que había hecho un regalo: una lluvia fresquita para que los niños jugaran y para que las plantas bebieran agua.
Cuando el día terminó, el viento regresó.
—¿Lista para volver a casa? —preguntó.
—Sí —respondió Lila—, pero mañana quiero volver a ver a mis amigos de abajo.
Y desde ese día, cada vez que llovizna suave, los niños saben que Lila está de visita, recorriendo el mundo y regalando alegría en forma de gotitas.
Un día, Lila dijo:
—Quisiera conocer el mundo de abajo…
El viento ablel, que era su buen amigo, escuchó su deseo y sopló suavemente:
—Fiuuu… Si quieres, puedo llevarte de paseo.
Lila se emocionó tanto que empezó a brillar como algodón iluminado.
—¡Sí, por favor! —dijo dando pequeños saltitos de nube.
Entonces el viento la empujó despacito y Lila comenzó a viajar por el cielo. Pasó por encima de un bosque y saludó a los árboles:
—¡Hola, árboles! ¡Qué hojas tan verdes tienen!
Los árboles movieron sus ramas como diciendo “hola”.
Más adelante, Lila vio un lago brillante como un espejo.
—¡Qué bonito reflejo! —dijo encantada.
El lago le respondió con un chap chap de olas pequeñitas.
Cuando llegó al parque, Lila vio a un grupo de niños que miraban hacia arriba.
—¡Miren, una nube con forma de corazón! —gritó una niña.
Lila sonrió feliz y trató de acomodarse para verse aún más bonita.
Pero de pronto sintió cosquillitas en su pancita de nube… ¡Estaba tan feliz que comenzó a soltar gotitas!
—¡Está lloviznando! —dijeron los niños mientras corrían, riendo, bajo la lluvia suave.
Lila se dio cuenta de que había hecho un regalo: una lluvia fresquita para que los niños jugaran y para que las plantas bebieran agua.
Cuando el día terminó, el viento regresó.
—¿Lista para volver a casa? —preguntó.
—Sí —respondió Lila—, pero mañana quiero volver a ver a mis amigos de abajo.
Y desde ese día, cada vez que llovizna suave, los niños saben que Lila está de visita, recorriendo el mundo y regalando alegría en forma de gotitas.
Created by
Alejandra Naomi Alarcón Flores
Peru
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