Madre
¡Hola, cielo! ¿Ya has llegado a Barcelona? ¿Qué tal?
Hija
¡Hola, mamá! Pues no ha sido un viaje fácil. Todo me ha salido mal desde el principio.
Hija
Primero, salí con retraso de casa. Cuando llegué a la puerta de embarque de la terminal 1, no pude subirme al avión porque ya había despegado. Menos mal que pude cambiar el billete, pero no me tocó el asiento que estaba al lado de la ventanilla.
Madre
¡Madre mía! ¿Y el equipaje?
Hija
¡Peor aún! Cuando aterricé en Barcelona, la maleta que había facturado en Madrid se había perdido y solo tenía mi bolsa de viaje. Tuve que ir a un punto de información para preguntar por ella. Resulta que se había quedado en Madrid por exceso de equipaje.
Madre
Pobrecita… ¿Y después?
Hija
Luego, cuando llegué al hostal, un viajero había ocupado mi habitación, así que tuve que esperar casi dos horas. Resulta que el recepcionista había confundido las reservas. Todo esto me recordó a mi viaje de estudios del instituto.
Hija
Pues sí. Encima cuando quise salir a hacer turismo, me di cuenta de que me había dejado el callejero en la maleta perdida. Por suerte, encontré uno en la recepción. Después, fui a ver la Sagrada Familia y el Parque Güell, pero casi todo estaba lleno de turistas.
Madre
Entonces, ¿no has podido disfrutar de nada?
Hija
Sí, de algo sí. Pero mientras caminaba por Las Ramblas, me di cuenta de que había perdido la tarjeta del metro. No pude montarme y tuve que comprar otra.
Hija
Ahora estoy en el Mercado de la Boquería y por fin he podido comer algo bueno. Al principio, había perdido la esperanza de que el viaje saliera bien.
Madre
¡Ay! Suena a que has tenido un día horrible.
Hija
Sí, pero estoy contenta de estar aquí. He visto la Casa Batlló, y el ambiente de la ciudad es increíble. Aunque todo había empezado mal, poco a poco me estoy acostumbrando.