Matching Pairs Unir con flechasOnline version Unir con una flecha cada párrafo con la idea que expresa. No te preocupes por el tiempo que marca la actividad. by María Belén Fontaine 1 5. El problema 2 3. Presentación del panorama histórico, espacial y costumbrista. 3 1. El encargo que motiva el viaje. 4 2. Surgimiento de la Basílica de Luján a partir del primer oratorio. 5 4. Decisión: dejar el cajoncito y seguir viaje sin él. Apenas habían pasado cincuenta años de la Segunda Fundación de Buenos Aires. Corría el año 1630. La llanura pampeana era un verde desierto. Hermoso paisaje, pero solitario. Infundía un poco de temor. Para atravesarlo se formaban grupos de jinetes. Quienes llevaban mercaderías alquilaban algunas carretas, que viajaban todas juntas, por temor a malones y malvivientes. Cada tanto había un conjunto de ranchos: eran las postas, donde paraba la caravana para hacer descansar los bueyes, cambiar los caballos y reponer fuerzas. Un hacendado de Sumampa, en Santiago del Estero, había encargado una imagen de la Inmaculada Concepción a un amigo suyo de Brasil. Éste le envía dos imágenes, que llegan al puerto de Buenos Aires. Allí son acomodadas en sendos cajoncitos en una carreta, para hacer la travesía hasta Santiago del Estero. Cierto día, al intentar continuar con la marcha, una de las carretas no puede ser movida. Lo primero que piensan es que hay exceso de peso. Comienzan a bajar los bultos, pero los bueyes tampoco se mueven. Hasta que bajan uno de los pequeñitos, que porta una de las imágenes de María, y la carreta se mueve. Lo vuelven a poner y los bueyes se detienen. Varias veces hacen lo mismo. Con idénticos resultados. Entonces abren el misterioso cajoncito y encuentran allí una bella imagen de María Santísima con sus manos unidas en el pecho. Surge así el primer oratorio, en casa de don Rosendo. Más tarde la imagen fue llevada a lo que es hoy la ciudad de Luján, que nace precisamente, gracias a la presencia de María, alrededor de la primera capilla. Más tarde se erige la actual Basílica, centro de la piedad de todos los argentinos. Y, en el año 1930, en el tricentenario del milagro, es declarada Patrona de la República Argentina, de Paraguay y de Uruguay, por el papa Pío XI. Deciden entonces, para poder continuar la marcha, dejar a la pequeña estatua en la casa de Don Rosendo, que estaba muy cerquita. Éste y su familia la reciben con mucha devoción, le hacen un altarcito y le encargan al Negrito Manuel que la cuide. Desde ese día, y hasta su ancianidad, Manuel se ocupa de María, de ponerle flores, cuidar su vestido. Habla de ella con amor. Le dice “la Señora”, y “mi Ama”.