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Creo en el Espíritu Santo.

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Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad. El Espíritu Santo “ha sido enviado a nuestros corazones” (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios. (cf. CCIC 136).

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Creo en el Espíritu Santo.Online version

Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad. El Espíritu Santo “ha sido enviado a nuestros corazones” (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios. (cf. CCIC 136).

by Alejandro Araujo
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N° 136: La Iglesia confiesa: Creo en el Espíritu Santo

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Creo en el Espíritu Santo.


Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo «ha sido enviado a nuestros corazones» (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios. (CCIC 136).

El Nuevo Testamento lo llama Espíritu de Cristo, del Señor, de Dios, Espíritu de la gloria y de la promesa. Jesús lo llama también Espíritu Paráclito (Consolador, Abogado) y Espíritu de Verdad. (CCIC 138).

Son numerosos los símbolos con los que se representa al Espíritu Santo: el agua viva, que brota del corazón traspasado de Cristo, y es signo sacramental del Bautismo; la unción con el óleo, que es signo de la Confirmación; el fuego, que transforma cuanto toca; la imposición de manos, por la cual se nos da el Espíritu; y la paloma, que baja sobre Cristo en su bautismo y permanece en Él. (CCIC 139).

La obra reveladora del Espíritu en las profecías del Antiguo Testamento halla su cumplimiento en la revelación plena del misterio de Cristo en el Nuevo Testamento. (CCIC 140).  El Espíritu colma con sus dones a Juan el Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento, quien, bajo la acción del Espíritu, es enviado para que «prepare al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 17) y anunciar la venida de Cristo: aquel sobre el que ha visto descender el Espíritu, «aquel que bautiza en el Espíritu» (Jn 1, 33). (CCIC 141).

El Espíritu Santo hace de la Virgen María la Madre del «Cristo total», es decir, de Jesús Cabeza y de la Iglesia su cuerpo. María está presente entre los Doce el día de Pentecostés, cuando el Espíritu inaugura los «últimos tiempos» con la manifestación de la Iglesia. La misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia, enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria. (CCIC 141 y 144).

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Creo en el Espíritu Santo.


La misión de la Iglesia es la de anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo. La Iglesia es el germen e inicio sobre la tierra de este Reino de salvación. (CCIC 150). La Iglesia es sacramento universal de salvación en cuanto es signo e instrumento de la reconciliación y la comunión de toda la humanidad con Dios, así como de la unidad de todo el género humano. (CCIC 152).

La Iglesia es el Pueblo de Dios porque Él quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino constituyéndolos en un solo pueblo, reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (CCIC 153). 

El Pueblo de Dios participa del oficio sacerdotal de Cristo en cuanto los bautizados son consagrados por el Espíritu Santo para ofrecer sacrificios espirituales; participa de su oficio profético cuando, con el sentido sobrenatural de la fe, se adhiere indefectiblemente a ella, la profundiza y la testimonia; participa de su función regia con el servicio, imitando a Jesucristo, quien siendo rey del universo, se hizo siervo de todos, sobre todo de los pobres y los que sufren. (CCIC 155).

La única Iglesia de Cristo, como sociedad constituida y organizada en el mundo, subsiste (subsistit in) en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sólo por medio de ella se puede obtener la plenitud de los medios de salvación, puesto que el Señor ha confiado todos los bienes de la Nueva Alianza únicamente al colegio apostólico, cuya cabeza es Pedro. (CCIC 162).

Toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, …, buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia. (CCIC 171).



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La obra del Espíritu Santo en María.

5

Nº 142 ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo en María?

6

Qué designa la palabra «Iglesia».

7

La Iglesia es cuerpo de Cristo.

8

La Iglesia esposa de Cristo.

9

La Iglesia Católica y los cristianos no católicos.

10

¿Por qué decimos que la Iglesia es católica?

11

¿Cómo está formado el Pueblo de Dios?