La Ascensión y el Juicio FinalOnline version
Cuarenta días después de haberse mostrado a los Apóstoles bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, que velaban su gloria de Resucitado, Cristo subió a los cielos y se sentó a la derecha del Padre. Desde entonces el Señor nos envía su Espíritu, y nos da la esperanza de llegar a su Reino.
Después Jesucristo les dijo: «Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa
de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis
revestidos de poder desde lo alto». Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando
sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de
ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron
a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios. (Lc 24, 49-53). Y Jesucristo les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a
toda la creación». El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se
condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre
expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus
manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los
enfermos y se pondrán bien». Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles,
fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar
por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con
las señales que la acompañaban. (Mc 16, 15-20). (CIC 667B).
Sentarse a la derecha del Padre significa la
inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel
respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir
de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino
que no tendrá fin" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150). (CIC
664). Sentarse a la derecha del Padre significa la
inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel
respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y
todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir
de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino
que no tendrá fin" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150). (CIC
664). "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn
12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la
Ascensión al cielo. (CIC 662A).
La ascensión de Jesucristo marca la entrada
definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha
de volver (cf. Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los
hombres (cf. Col 3, 3). (CIC 665). Siguiendo
a los profetas (cf. Dn 7, 10; Jl 3, 4; Ml 3,19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3,
7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se
pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los
corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5). Entonces será
condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por
Dios (cf. Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará
la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5).
Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos
míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40). (CIC 678). Entonces dirá el Rey a los de su derecha:
"Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para
vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de
comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba
desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis
a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te
vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo
te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos
enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En
verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños,
a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus
ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me
disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me
vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces dirán
también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero
o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él entonces les
responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de
estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a
un castigo eterno, y los justos a una vida eterna». (Mt 25, 34-46).
3
¿Cómo juzgará Cristo a los vivos y a los muertos?
Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los
arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día
que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. Pero para
vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en
sus rayos, y saldréis brincando como becerros bien cebados fuera del establo. Y
pisotearéis a los impíos, porque serán ellos ceniza bajo la planta de vuestros
pies, el día que yo preparo, dice Yahveh Sebaot. (Mlq 3,19-21).
Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé
buen fruto será cortado y arrojado al fuego. En su mano tiene el bieldo y va a
limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con
fuego que no se apaga. (Mt 3, 10.12). El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del Día
de Yahveh, grande y terrible. Y sucederá que todo el que invoque el nombre de
Yahveh será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia,
como ha dicho Yahveh, y entre los supervivientes estarán los que llame Yahveh.
(Joe 3, 4-5). Después del último estremecimiento cósmico de este
mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo
definitivo de Dios en la Parusía y con el Juicio final. Así se consumará el
Reino de Dios. (CCIC 134). Cristo
juzgará a los vivos y a los muertos con el poder que ha obtenido como Redentor
del mundo, venido para salvar a los hombres. Los secretos de los corazones
serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y el prójimo. Todo hombre
será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. Así se
realizará «la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), en la que «Dios será todo en
todos» (1 Co 15, 28). (CCIC 135). «El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la
Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he
hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que
tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo
que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí». (Jn 12,48-50). El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo
vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el
mal. (CIC 681).
4
Los milagros si existen
5
La Virgen Asunta al cielo
6
Jesucristo es hombre y Dios
7
Evangelizar al mundo o mundanizar la Iglesia
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