La principal característica ecológica de las selvas tropicales es la gran biodiversidad. Se estima que casi la mitad de todas las especies de seres vivos del planeta habitan en las selvas.
Este bioma goza de una actividad trepidante, donde casi todo está a la vista. Prácticamente no hay nada que esté bajo tierra –como es el caso de los bosques-; la selva vive del suelo hacia arriba.
La competencia por la luz provoca un «estiramiento» de la vegetación hacia las partes altas, donde llega la luz del sol. Este hecho implica una clara estratificación de la vegetación. La gran cantidad de biomasa en forma de madera, hojas y otros restos vegetales, se regenera continuamente, de forma que alimenta una muchedumbre de organismos descomponedores.
Los nutrientes que resultan de los procesos de descomposición no permanecen demasiado tiempo en el suelo a causa de las frecuentes y abundantes lluvias, que lavan de manera brusca el suelo de la selva. La mayor parte de los nutrientes son rápidamente incorporados por los seres vivos, que los introducen nuevamente al ciclo ecológico.