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Van dijk (2016). Análisis Crítico del Discurso

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Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 30, enero-junio, 2016, pp. 203-222

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Van dijk (2016). Análisis Crítico del Discurso
 

Van dijk (2016). Análisis Crítico del DiscursoOnline version

Revista Austral de Ciencias Sociales, núm. 30, enero-junio, 2016, pp. 203-222

by MELINA DESIREE MURILLO GONZALEZ
1

Título

Análisis Crítico del Discurso

Critical Discourse Analysis


TEUN A. VAN DIJK

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Resumen

Este artículo proporciona una revisión actualizada de un campo de investigación conocido comúnmente como Análisis Crítico del Discurso (ACD). Primero se esclarecen algunos aspectos sensibles asociados con su carácter multidisciplinar y disidente. Luego se introduce un marco teórico triádico basado en la relación entre discurso, cognición y sociedad, con el cual se abordan los modos como los grupos hegemónicos controlan el texto y el contexto y, en consecuencia, la mente de las personas, las dimensiones macro y micro de las estructuras sociales donde dicho control discursivo se manifiesta, y sus formas de dominación más prominentes como son el abuso de poder y la desigualdad social. Después se repasan algunas investigaciones de ACD sobre discurso y género, discurso y racismo, y discurso y poder mediático, político, profesional e institucional. Se concluye apuntando ciertos pendientes teóricos y metodológicos, que enfatizan la necesidad de contar con una interfaz cognitiva manifiesta, una adecuada integración entre orientaciones lingüísticas y sociopolíticas, y una atención más decidida hacia discursos de contrapoder o resistencia, entre otros.

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Palabras clave

discurso, cognición, sociedad, contexto, poder.

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1. Introducción: ¿Qué es el Análisis Crítico del Discurso?

El Análisis Crítico del Discurso (ACD) es un tipo de investigación que se centra en el análisis discursivo y estudia, principalmente, la forma en la que el abuso de poder y la desigualdad social se representan, reproducen, legitiman y resisten en el texto y el habla en contextos sociales y políticos. Con esta investigación disidente, los analistas críticos del discurso toman una posición explícita y, de esa manera, buscan entender, exponer y, fundamentalmente, desafiar el abuso de poder y la desigualdad social. Esta es también la razón por la cual el ACD puede ser caracterizado como un movimiento social de analistas discursivos políticamente comprometidos.


Un error común en relación al ACD es afirmar que este es un método especial de análisis discursivo. No existe tal método: en el ACD todos los métodos interdisciplinarios de los estudios discursivos, así como otros métodos relevantes de las humanidades y las ciencias sociales, pueden ser utilizados (Wodak y Meyer 2008; Titscher et al. 2000). Para evitar este malentendido y enfatizar que muchos métodos y enfoques pueden ser aplicados en el estudio crítico del texto y el habla, preferimos actualmente el término más general de Estudios Críticos del Discurso (ECD) para referirnos a este campo de investigación (van Dijk 2008b). Sin embargo, debido a que en la mayoría de las investigaciones se continúa utilizando la conocida abreviación ACD, continuaremos llamándolo de esa forma en este artículo.

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1. Introducción: ¿Qué es el Análisis Crítico del Discurso?

Como práctica analítica, el ACD no es una orientación investigativa entre muchas otras en el estudio del discurso. En lugar de eso, es una perspectiva crítica que puede ser encontrada en todas las áreas de los estudios del discurso, incluyendo la gramática del discurso, el análisis conversacional, la pragmática del discurso, la retórica, la estilística, el análisis narrativo, el análisis de la argumentación, el análisis multimodal del discurso y la semiótica social, la sociolingüística y la etnografía de la comunicación o la psicología del procesamiento del discurso, entre otras. En otras palabras, el ACD es el estudio del discurso con una actitud.


Algunos de los principios del ACD pueden ser encontrados ya en la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, previo a la Segunda Guerra Mundial (Drake 2009; Rasmussen y Swindal 2004; Agger 1992b). Su foco actual en el lenguaje y el discurso comenzó con la lingüística crítica surgida (principalmente en Reino Unido y Australia) a fines de los años 70 (Fowler et al. 1979; ver también Mey 1985). El ACD encuentra también contrapartes en enfoques “críticos” desarrollados en la sociolingüística, la estilística, la pragmática, la psicología y las ciencias sociales, y algunos de ellos datan de inicios de los 70 (Jeffries 2010; Fox y Prilleltensky 1997; Ibáñez e Íñiguez 1997; Singh 1996; Turkel 1996; Wodak 1996; Calhoun 1995; Thomas 1993; Fay 1987; Hymes 1972; Birnbaum 1971). Como en los casos de estas disciplinas vecinas, el ACD puede ser visto como una reacción contra los paradigmas formales dominantes (a menudo “asociales” o “acríticos”) de los 60 y 70, presentes, por ejemplo, en la lingüística estructural y generativa o también, más tarde, en las gramáticas del texto y en el análisis conversacional.

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1. Introducción: ¿Qué es el Análisis Crítico del Discurso?

La investigación crítica del discurso tiene, entre otras, las siguientes propiedades generales:

  • Se enfoca, principalmente, en problemas sociales y cuestiones políticas, en lugar de solo estudiar las estructuras discursivas fuera de sus contextos sociales y políticos.
  • Este análisis crítico de problemáticas sociales es, usualmente, multidisciplinario.
  • En lugar de meramente describir estructuras discursivas, trata de explicarlas en términos de sus propiedades de interacción social y, especialmente, de estructura social.
  • Más específicamente, el ACD se centra en las formas en las que las estructuras discursivas representan, confirman, legitiman, reproducen o desafían las relaciones de abuso de poder (dominación) en la sociedad.


Fairclough y Wodak (1997) resumieron las características principales del ACD de la siguiente manera:

  • El ACD aborda problemáticas sociales.
  • Las relaciones de poder son discursivas.
  • El discurso constituye sociedad y cultura.
  • El discurso tiene implicancias ideológicas.
  • El discurso es histórico.
  • La relación entre texto y sociedad es
  • mediada.El análisis discursivo es interpretativo y
  • explicativo.
  •  El discurso es una forma de acción social.
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1. Introducción: ¿Qué es el Análisis Crítico del Discurso?

En base a estos antecedentes generales, el presente artículo se enfoca en algunos aspectos teóricos centrales en el ACD, como las relaciones entre macro y micro estructuras sociales, la dominación como abuso de poder, y en cómo los grupos dominantes controlan el texto y el contexto y, en consecuencia, la mente. Luego de bosquejar este marco teórico multidisciplinario, revisamos algunas investigaciones de ACD sobre discurso y género, texto y habla racista, y sobre la manera en la que el poder es reproducido en los medios de comunicación masivos, en el discurso político y en las profesiones.


Ya que debo ser selectivo, me referiré a una vasta cantidad de introducciones de manuales del área (e.g., Machin y Mayr 2012; Le y Short 2009; van Dijk 2008b, 1993; van Leeuwen 2008, 2005; Wodak y Meyer 2008; Wodak y Chilton 2005; Locke 2004; Young y Harrison 2004; Fairclough y Wodak 1997; Caldas-Coulthard y Coulthard 1996; Fairclough 1995a, 1992a, 1992b; Fowler et al. 1979).

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2. Marcos teórico y conceptual

Debido a que el ACD no es una línea de investigación específica, no tiene un marco teórico unitario. Existen muchos tipos de ACD entre los propósitos y las propiedades antes mencionadas, los cuales pueden ser teórica y analíticamente muy diversos. El análisis conversacional crítico es muy distinto al análisis de reportes de noticias en la prensa, o a aquel de las lecciones y la enseñanza en las escuelas. Con todo, dada la perspectiva común y los objetivos generales del ACD, podemos también encontrar marcos conceptuales generales estrechamente relacionados. Como se sugirió, la mayoría de los tipos de ACD se preguntarán sobre la forma en la que ciertas estructuras discursivas específicas son desplegadas en la reproducción de la dominación social, si estas son partes de una conversación o de un reporte de noticias, o de otros géneros y contextos. Así, el vocabulario típico de muchos estudiosos del ACD se caracterizará por incluir conceptos tales como poder, dominación, hegemonía, ideología, clase, género, raza, discriminación, intereses, reproducción, instituciones, estructura y orden social, además de las nociones más características del análisis discursivo.


Este artículo se centra en un número de conceptos básicos y, así, contribuye con un marco teórico triádico que relaciona discurso, cognición y sociedad (incluyendo historia, política y cultura), entendiéndolas como las principales dimensiones del ACD y de los estudios discursivos en general.

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2.1. Macro versus micro

El uso del lenguaje, el discurso, la interacción verbal y la comunicación pertenecen al nivel micro del orden social. El poder, la dominación y la desigualdad entre grupos sociales son términos que, típicamente, pertenecen a un nivel de análisis macro. Esto significa que el ACD debe tender un puente entre la conocida “brecha” entre los enfoques micro (agencia, interaccional) y macro (estructural, institucional, organizacional) (Huber 1991; Alexander et al. 1987; Knorr-Cetina y Cicourel 1981; van Dijk 1980).


En la interacción y en la experiencia cotidiana, los niveles micro y macro (y los “mesoniveles” intermedios) constituyen un todo unificado. Por ejemplo, un discurso racista en el parlamento es un discurso ubicado en el micro nivel interaccional de la estructura social, en una situación específica de debate, pero, al mismo tiempo, podría representar o ser una parte constituyente de la legislación o la reproducción del racismo a nivel macro (Wodak y van Dijk 2000). Que tales distinciones de niveles son relativas puede entenderse desde el hecho de que este mismo discurso parlamentario podría, una vez más, contener macroestructuras (tópicos), así como microestructuras semánticas, tales como proposiciones locales y sus conceptos (van Dijk 1980).

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2.1. Macro versus micro

Existen diversas formas de analizar y de cerrar la brecha social macro-micro y, así, llegar a un análisis crítico unificado:

  • Miembros-grupos. Por un lado, los usuarios del lenguaje emplean el discurso como miembros de (varios) grupos sociales, organizaciones o instituciones y, por otro lado, los grupos pueden, entonces, actuar “por” o “a través” de sus miembros.
  • Acciones-proceso. Los actos sociales de actores individuales son, consecuentemente, partes constituyentes de acciones y procesos sociales grupales, como la legislación, la elaboración de noticias o la reproducción del racismo.
  • Contexto-estructura social. Las situaciones de interacción social son, de manera similar, parte o constituyentes de la estructura social; por ejemplo, una conferencia de prensa puede ser una práctica local típica de las organizaciones e instituciones mediáticas, entendidas como estructuras del nivel macro. Es decir, los contextos “locales” y “globales” están estrechamente relacionados, y ambos ejercen restricciones sobre el discurso.
  • Cognición personal y social. Los usuarios del lenguaje, en tanto actores sociales, tienen ambos tipos de cognición personal y social (memoria individual, conocimiento y opiniones), así como aquellas compartidas con miembros de su grupo o cultura en su totalidad. En otras palabras, mientras las otras conexiones entre las macro y micro estructuras sociales mencionadas son solo relaciones analíticas, la conexión real entre sociedad y discurso es sociocognitiva. Esto se debe a que los usuarios del lenguaje, en tanto actores sociales, representan y conectan ambos niveles mentalmente. Lo anterior resuelve la bien conocida dicotomía sociológica estructura-agencia.
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2.2. El poder como control

Una noción central en casi todo el trabajo crítico sobre el discurso es la de poder y, más específicamente, de poder social de grupos o instituciones (entre muchos estudios, ver, e.g., Lukes 1986; Wrong 1979). Resumiendo un análisis filosófico y social complejo, definiré el poder social en términos de control (van Dijk 2008b). Así, los grupos tienen (más o menos) poder si son capaces de controlar (más o menos) los actos y las mentes de (los miembros de) otros grupos. Esta habilidad presupone la existencia de un poder básico: el acceso privilegiado a recursos sociales escasos, como la fuerza, el dinero, el estatus, la fama, el conocimiento, la información, la “cultura”, o incluso varias formas de discurso y comunicación pública (Mayr 2008).


Diferentes tipos de poder pueden ser distinguidos de acuerdo a los variados recursos empleados para ejercerlo: el poder coercitivo de los militares y de otra gente violenta se basará, más bien, en la fuerza; los ricos tendrán poder debido al dinero; el poder “más o menos” persuasivo de los padres, profesores o periodistas puede basarse en el conocimiento, la información o la autoridad. Cabe notar que el poder es raramente absoluto. Los grupos pueden más o menos controlar a otros grupos, o solo controlarlos en situaciones o dominios sociales específicos. Un juez controla a la gente solo en la sala de la corte, y un profesor controla exclusivamente a los estudiantes que se encuentran en la sala de clases. Además, los grupos dominados pueden más o menos resistir, aceptar, perdonar, confabularse, consentir o legitimar tal poder e, incluso, reconocerlo como “natural”.

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2.2. El poder como control

El poder de los grupos dominantes puede estar integrado en las leyes, las reglas, las normas, los hábitos e, incluso, en el consenso general, tomando entonces la forma de lo que Gramsci (1971) denominó hegemonía. Cabe señalar también que el poder no es siempre ejercido bajo la forma de actos abusivos ejecutados por miembros de un grupo, sino que puede ser representado por un vasto repertorio de acciones naturalizadas en la vida cotidiana (Foucault 1980), como es típicamente el caso de las muchas formas habituales de sexismo o racismo (Essed 1991). Similarmente, no todos los miembros de un grupo poderoso son siempre más poderosos que todos los miembros de los grupos dominados: definimos aquí el poder solo en relación con los grupos, entendidos como un todo.


Para nuestro análisis de las relaciones entre discurso y poder, primero encontramos que el acceso a formas específicas de discurso –por ejemplo, el de la política, los medios de comunicación, la educación o la ciencia- es, en sí mismo, fuente de poder (van Dijk 1996). Segundo, y como ya fue sugerido, la acción es controlada por nuestras mentes. Entonces, como veremos en detalle en el apartado 2.2.2., si somos capaces de influir en la mente de las personas –por ejemplo, en su conocimiento, actitudes o ideologías- podemos controlar indirectamente (algunas de) sus acciones, como ya sabemos que ocurre en el caso de la persuasión y la manipulación. Cerrar el círculo del discurso-poder significa, finalmente, que aquellos grupos que controlan el discurso más influyente tienen, a su vez, más oportunidades de controlar de manera indirecta las mentes y las acciones de otros.

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2.2. El poder como control

Simplificando aún más estas relaciones complejas, podemos dividir el problema del poder discursivo en tres preguntas interrelacionadas en la investigación del ACD:

  • ¿Cómo controlan los grupos poderosos el texto y el contexto del discurso público?
  • ¿Cómo dicho poder discursivo controla las mentes y las acciones de los grupos menos poderosos, y cuáles son las consecuencias sociales de tal control, además de la desigualdad social?
  • ¿Cuáles son las propiedades del discurso de los grupos, las instituciones y las organizaciones poderosas, y cómo dichas propiedades constituyen formas de abuso de poder?


Nos ocuparemos de estas preguntas en el marco teórico presentado en los apartados siguientes.

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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

Hemos visto que, entre muchos otros recursos que definen la base de poder de un grupo o una institución, el acceso a, o el control sobre, el discurso y la comunicación pública son recursos “simbólicos” importantes, al igual que lo son el acceso y el control sobre el conocimiento y la información (van Dijk 2014, 2008b, 1996; Mayr 2003; Sarangi y Slembrouck 1996; Kedar 1987). La mayoría de la gente tiene un control activo solo sobre las conversaciones diarias con los miembros de su familia, amigos o colegas, mientras que son blancos más o menos pasivos del texto o el habla públicos –por ejemplo, de los medios masivos de comunicación, los profesores, los jefes, los oficiales de policía, los jueces, o los burócratas del bienestar, entre otras autoridades, quienes pueden simplemente decirles qué creer (o no) o qué hacer (o no)-.


Por otro lado, los miembros de los grupos sociales e instituciones más poderosas, y especialmente sus líderes (las élites simbólicas; ver van Dijk 1993), tienen acceso más o menos exclusivo a, y control sobre, uno o más tipos de discurso público. Así, los académicos controlan el discurso académico, los profesores el discurso educacional, los periodistas el discurso de los medios, los abogados el discurso legal, y los políticos el de la política y otros discursos políticos públicos. Aquellos que tienen más control sobre más –y más influyentes- géneros discursivos (y más propiedades discursivas) son, según esta definición, también más poderosos. En otras palabras, tenemos aquí una definición discursiva (así como un diagnóstico práctico) de uno de los constituyentes cruciales del poder social (van Dijk 2008b, 1996).

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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

Estas nociones de acceso y control sobre el discurso son muy generales, y es una de las tareas del ACD explicar detalladamente estas formas de poder y especialmente sus abusos –esto es, formas de dominación-. Así, si el discurso es definido en términos de eventos comunicativos complejos –que consisten en texto y contexto-, acceso y poder pueden ser definidos por las categorías de situación comunicativa, definida como contexto, y por las estructuras del texto y el habla.


La situación comunicativa consiste en categorías tales como escenario (tiempo, lugar); acciones en curso (incluyendo discursos y géneros discursivos); y los participantes en varios roles e identidades comunicativas, sociales o institucionales, así como sus objetivos, conocimiento, opiniones, actitudes e ideologías (van Dijk 2009b, 2008a). El control de la situación comunicativa involucra el control sobre una o más de las categorías mencionadas –por ejemplo, decidir el tiempo y el lugar de un evento comunicativo o qué participantes deben estar presentes, en qué roles o identidades, o qué conocimiento u opiniones deberían (o no) tener, y qué acciones sociales pueden o deben ser logradas por el discurso-. Más específicamente, tal control puede enfocarse en la definición subjetiva de la situación comunicativa –es decir, en los modelos contextuales de los participantes- porque es el modelo contextual el que, seguidamente, controla la adecuación pragmática del discurso (van Dijk 2009a, 2008a).

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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

Así, son los profesores y no los estudiantes quienes controlan el escenario (tiempo y lugar) de un examen, y quiénes califican como participantes. Los oficiales de policía o los jueces definen la situación comunicativa general de una interrogación, y quién puede hacer preguntas o quién debe responder (Shuy 1998a, 1998b; Matoesian 1993). Los hablantes institucionales pueden abusar de su poder en algunas situaciones –por ejemplo, cuando los oficiales de policía usan la fuerza o las amenazas para obtener una confesión por parte de un sospechoso (Heydon 2005; Thornborrow 2002; Linell y Jönsson 1991) o cuando algunos editores excluyen a profesionales del género femenino de la labor de escribir noticias sobre economía (van Zoonen 1994; Creedon 1989)-.


Los géneros tienen, típicamente, esquemas convencionales, consistentes en varias categorías. El acceso a algunas de ellas puede ser prohibido u obligatorio –por ejemplo, ciertos saludos en una conversación pueden ser utilizados por hablantes de un grupo social, posición, edad o género específico (Irvine 1974). Además del control de los actos de habla o géneros u otras propiedades de la situación comunicativa, los grupos poderosos pueden controlar varios aspectos de las estructuras del texto y el habla. Por lo tanto, quién controla los tópicos (macroestructuras semánticas) y quién los cambia es crucial en todo discurso y comunicación, como sucede cuando los editores deciden qué tópicos noticiosos serán cubiertos en los medios (van Dijk 1988; Lindegren-Lerman 1983; Gans 1979), o los profesores deciden qué temas serán tratados en clases (Okamoto y Smith-Lovin 2001). De la misma forma, las editoriales y los editores pueden dar prioridad a tópicos negativos en relación con los inmigrantes en los medios, o prohibir aquellos sobre el racismo de la élite blanca (van Dijk 1993, 1991). En tiempos de crisis, y también en democracia, los políticos pueden justificar la censura de ciertos temas o información que presuntamente amenace la seguridad nacional, como sucedió en Estados Unidos luego del 11/9 (Graber 2003).

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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

Así, son los profesores y no los estudiantes quienes controlan el escenario (tiempo y lugar) de un examen, y quiénes califican como participantes. Los oficiales de policía o los jueces definen la situación comunicativa general de una interrogación, y quién puede hacer preguntas o quién debe responder (Shuy 1998a, 1998b; Matoesian 1993). Los hablantes institucionales pueden abusar de su poder en algunas situaciones –por ejemplo, cuando los oficiales de policía usan la fuerza o las amenazas para obtener una confesión por parte de un sospechoso (Heydon 2005; Thornborrow 2002; Linell y Jönsson 1991) o cuando algunos editores excluyen a profesionales del género femenino de la labor de escribir noticias sobre economía (van Zoonen 1994; Creedon 1989)-.


Los géneros tienen, típicamente, esquemas convencionales, consistentes en varias categorías. El acceso a algunas de ellas puede ser prohibido u obligatorio –por ejemplo, ciertos saludos en una conversación pueden ser utilizados por hablantes de un grupo social, posición, edad o género específico (Irvine 1974). Además del control de los actos de habla o géneros u otras propiedades de la situación comunicativa, los grupos poderosos pueden controlar varios aspectos de las estructuras del texto y el habla. Por lo tanto, quién controla los tópicos (macroestructuras semánticas) y quién los cambia es crucial en todo discurso y comunicación, como sucede cuando los editores deciden qué tópicos noticiosos serán cubiertos en los medios (van Dijk 1988; Lindegren-Lerman 1983; Gans 1979), o los profesores deciden qué temas serán tratados en clases (Okamoto y Smith-Lovin 2001). De la misma forma, las editoriales y los editores pueden dar prioridad a tópicos negativos en relación con los inmigrantes en los medios, o prohibir aquellos sobre el racismo de la élite blanca (van Dijk 1993, 1991). En tiempos de crisis, y también en democracia, los políticos pueden justificar la censura de ciertos temas o información que presuntamente amenace la seguridad nacional, como sucedió en Estados Unidos luego del 11/9 (Graber 2003).

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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

Aunque gran parte del control discursivo es contextual o temático, los detalles locales de estilo léxico o sintáctico, el significado proposicional, la toma de turnos en la conversación, los recursos retóricos y las estructuras narrativas (entre muchas otras estructuras discursivas) pueden ser controladas por miembros de grupos poderosos, profesionales, organizaciones o instituciones. Por ejemplo:  


  • Los hablantes sin poder pueden recibir la orden de “no alzar sus voces” o de “quedarse callados”; así las mujeres pueden ser “silenciadas” de muchas maneras (Houston y Kramarae 1991).
  • En algunas culturas, los hablantes sin poder deben “murmurar”, como demostración de respecto cuando se dirigen a receptores poderosos (Albert 1972).
  • En las cortes, los jueces pueden ordenar a las mujeres de clase baja que respondan preguntas directas, mientras que a los hombres de clase media se les permite dar su propia versión en casos de infracciones de tránsito, en forma de relato personal (Wodak 1984).
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2.2.1. Control del texto y contexto discursivo

En suma, muchos niveles y estructuras del contexto, el texto y el habla pueden, en principio, ser más o menos controlados por hablantes e instituciones poderosas, y puede existir tal abuso de poder en detrimento de destinatarios y grupos específicos o de la sociedad civil en general. De ese modo, y como veremos más adelante, muchos estudios muestran cómo los hombres pueden controlar el lenguaje de las mujeres. Sin embargo, cabe remarcar que el habla y el texto no siempre, ni de manera directa, representan o encarnan completamente las relaciones de poder entre grupos: el contexto siempre podrá interferir, reforzar o transformar dichas relaciones. A continuación, examinaremos más investigaciones sobre el control del discurso.

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2.2.2. Control de la mente

Si controlar los contextos y las estructuras del texto y el habla es la principal forma de ejercer poder, controlar la mente de las personas a través de esos discursos es una manera indirecta pero fundamental de reproducir la dominación y la hegemonía. Efectivamente, el control del discurso busca incidir, generalmente, en las intenciones, los planes, el conocimiento, las opiniones, las actitudes y las ideologías del destinatario –así como en sus acciones consiguientes-. Un enfoque sociocognitivo del ACD examina las estructuras sociales del poder a través del análisis de las relaciones entre discurso y cognición. La cognición es la interfaz necesaria que relaciona al discurso como uso del lenguaje e interacción con situaciones y estructuras sociales (van Dijk 2008b).

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2.2.2. Control de la mente

El análisis del control mental presupone la distinción común entre memoria personal o autobiográfica, por un lado, y memoria genérica o “semántica” socialmente compartida, por el otro (Tulving 2002). Más específicamente, asumimos que la memoria episódica representa las experiencias personales de los individuos en la forma de modelos mentales multimodales (Johnson-Laird 1983). En la comunicación y la interacción, los modeles mentales (a veces llamados modelos situacionales; ver van Dijk y Kintsch 1983) son las representaciones subjetivas de eventos, acciones o situaciones sobre las que se trata un discurso –y por lo tanto, dichos modelos tienen una naturaleza semántica referencial-. Entender o interpretar el discurso sobre eventos específicos, como en el caso de historias o reportes noticiosos, consiste en la reconstrucción de un modelo subjetivo de la situación sobre la que se refiere el discurso. Por otro lado, los modelos contextuales (van Dijk 2009a; 2008a) controlan las propiedades pragmáticas del discurso, tales como los actos de habla, la adecuación o la cortesía. Tanto los modelos semánticos situacionales como los pragmáticos contextuales no solo representan situaciones, sino que, además, presentan las opiniones y las emociones de las personas en relación con una situación.

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2.2.2. Control de la mente

Las estructuras discursivas específicas, como tópicos, argumentos, metáforas, elección léxica y figuras retóricas, entre muchas otras estructuras que veremos luego, pueden influir sobre los contenidos y las estructuras de los modelos mentales, de maneras preferidas por los hablantes, como en la mayor parte de las formas de comunicación e interacción, tal como sabemos que ocurre en la retórica clásica y en la investigación contemporánea sobre la persuasión (Dillard y Pfau 2002; O’Keefe 2002). Si tal control discursivo sobre los modelos mentales de los receptores es utilizado en beneficio de los hablantes o escritores, y contra los intereses de los receptores, nos encontramos frente a un abuso de poder discursivo llamado, usualmente, manipulación (van Dijk 2006).


Los hablantes de grupos poderosos pueden querer controlar no solo el conocimiento y las opiniones específicas representadas en los modelos mentales subjetivos de receptores específicos –como es típicamente el caso en reportes de noticias y debates parlamentarios- sino además el conocimiento, las actitudes y las ideologías genéricas compartidas por grupos completos o por todos los ciudadanos, por ejemplo, a través de estructuras argumentativas de editoriales o artículos de opinión. A través de la repetición de discursos políticos o mediáticos sobre eventos similares, y a través de jugadas discursivas específicas de generalización, ellos podrían condicionar la generalización y la abstracción de modelos mentales específicos a estructuras de conocimiento e ideologías más generales, por ejemplo, sobre inmigración, terrorismo o crisis económica (ver, e.g., Forest 2009). Tal influencia cognitiva podría encontrarse dentro de los intereses de los receptores, como cuando se trata de información social de utilidad o educación, pero también podría ser de interés de los hablantes e ir en contra de los intereses de los receptores, como en los casos de manipulación epistémica o ideológica y adoctrinamiento (Winn 1983).

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2.2.2. Control de la mente

El control discursivo de modelos situacionales específicos y representaciones sociales genéricas compartidas, como conocimiento sociocultural y actitudes grupales e ideologías, no solo depende de las estructuras persuasivas del texto y el habla, sino también de condiciones contextuales. Así, los receptores tienden a aceptar las creencias, el conocimiento y las opiniones (a menos que sean inconsistentes con sus creencias y experiencias personales) de la gente o instituciones que ellos definen (en sus modelos contextuales) como autorizadas, confiables o fuentes creíbles, como es el caso de investigadores, expertos, profesionales o medios confiables (Nesler et al. 1993). En alguna situaciones los participantes son forzados a ser receptores de discurso –por ejemplo, en la educación y en muchas situaciones laborales-. Clases, materiales didácticos, instrucciones de trabajo y otros tipos discursivos pueden necesitar ser atendidos, interpretados y aprendidos según, o previstos por, autores institucionales u organizacionales (Giroux 1981). En muchas situaciones, no existen discursos públicos o medios que provean información desde donde puedan derivarse creencias alternativas (Downing 1984). Finalmente, los receptores podrían no tener el conocimiento o las creencias necesarias para desafiar los discursos o la información a la que son expuestos (Wodak 1987).

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2.2.2. Control de la mente

Además de estas influencias contextuales sobre la interpretación, el ACD se centra, especialmente, en las formas en las que las estructuras discursivas pueden influir en modelos mentales específicos y representaciones genéricas de los receptores, en particular en cómo las creencias pueden, de esa forma, ser manipuladas. Aquí presentamos algunos ejemplos, de entre muchos, bastante conocidos, tomados de mi investigación sobre discurso dominante e inmigración (van Dijk 1993, 1991, 1984):


  • Los titulares y epígrafes de reportes de noticias expresan macroestructuras semánticas (tópicos principales) tal como han sido definidas por los periodistas y pueden, por lo tanto, privilegiar ciertas macroestructuras o modelos mentales. De esa forma, una manifestación puede ser definida como una violación del orden social o como un derecho democrático de los manifestantes; de manera similar, un ataque violento puede ser definido como una forma de resistencia contra el abuso de poder del Estado o como terrorismo. Las acciones negativas de inmigrantes o de las minorías tienden a ser realzadas por la incorporación de sus expresiones más destacadas en portadas o titulares definiendo la inmigración como una invasión extraterrestre.
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2.2.2. Control de la mente

  • Las implicaciones y presuposiciones son poderosas propiedades semánticas del discurso, que buscan afirmar oblicuamente “hechos” que pueden no ser ciertos, como cuando los políticos y los medios se refieren a la violencia de los manifestantes o a la criminalidad de las minorías.
  • Las metáforas son medios potentes para hacer más concretos los modelos mentales abstractos. Así, la noción abstracta de inmigración puede ser concretizada y, por lo tanto, resultar más amenazante al utilizar metáforas tales como oleadas de inmigrantes –creando entre los otros ciudadanos miedo de ahogarse entre los inmigrantes-. La expresión léxica de modelos mentales en el discurso de hablantes poderosos puede influenciar no solo el conocimiento, sino también las opiniones en los modelos mentales de los receptores. De esa forma, los inmigrantes pueden ser catalogados en el discurso político como ilegales o indocumentados, influyendo sobre el discurso público relativo a la inmigración.
  • Las estructuras pasivas en las oraciones y las nominalizaciones pueden ser utilizadas para esconder o minimizar las acciones violentas o negativas de los agentes del Estado (e.g., los militares, la policía) o de grupos excluyentes (e.g., nosotros, británicos). De esa forma, los medios o el discurso político pueden hablar sobre discriminación sin ser demasiado explícitos sobre quién discrimina a quién.
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2.2.2. Control de la mente

De este modo, muchas estructuras del texto y el habla pueden influenciar la forma en la que los receptores construyen sus modelos mentales de situaciones específicas, o cómo ellos las generalizan para formar estereotipos o prejuicios (van Dijk 1984). La estrategia general del discurso dominante y el control mental siguen, a menudo, la polarización básica entre grupos donde subyacen ideologías: enfatizando nuestras cosas buenas, enfatizando sus cosas malas; mitigando nuestras cosas malas, mitigando sus cosas buenas –una estrategia que he llamado el cuadrado ideológico- (van Dijk 1998).


El marco teórico recién esbozado para la reproducción discursiva del poder y la dominación vincula las estructuras sociales de grupos e instituciones a su control de las estructuras del contexto, el texto y el habla de los eventos comunicativos e, indirectamente, a la influencia de los modelos personales y las actitudes, las ideologías y el conocimiento socialmente compartido de receptores individuales y de grupos enteros, como se muestra en la Figura 1.


Al mismo tiempo, la cognición personal y social así influenciada puede, finalmente, controlar las acciones sociales que son consistentes con los intereses de grupos poderosos en general, y de las élites simbólicas en particular, cerrando así el círculo de la reproducción discursiva del poder y la dominación.

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Figura 1. Esquema de la reproducción discursiva del poder

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2.2.3. Discursos de dominación

El poder de los grupos dominantes no solo se muestra en su control del discurso de los demás, sino también en su propio discurso. En otras palabras, el poder social también puede ser localmente representado por las propias características del discurso de (miembros de) los grupos poderosos (ver también Bradac y Street 1989). Estudios sociales han puesto considerable atención a la forma en la que el lenguaje y el discurso pueden variar e indicar diferencias de poder entre los hablantes y los receptores (Eckert y Rickford 2001), como, por ejemplo:

  • Morfología. Los hombres pueden utilizar diminutivos cuando se dirigen a mujeres, como una forma de denigrarlas (Makri-Tsilipakou 2003).
  • Léxico. Un caso paradigmático de dominación es el uso de insultos racistas al hablar con minorías étnicas o al referirse a ellas (Essed 1997; van Dijk 1987, 1984) – por ejemplo, al legitimar delitos callejeros (Stokoe y Edwards 2007)-.
  • Pronombres. Diferencias de poder, deferencia y cortesía entre hablantes y receptores son típicamente marcadas por pronombres y morfología especial (Brown y Levinson 1987; Brown y Gilman 1960).
  • Sintaxis y léxico. En juicios que involucran casos de violación, los hombres pueden utilizar sintaxis pasiva e ítems léxicos eufemísticos para mitigar su responsabilidad por la violencia contra las mujeres (Ehrlich 2001); de manera similar, medios masivos dirigidos por hombres pueden mitigar la violencia masculina en los reportes de noticias (Henley, Miller y Beazley 1995; Clark 1992).
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2.2.3. Discursos de dominación

  • Metáforas. Tal como en el caso de la sintaxis y el léxico mitigador, las metáforas pueden ser utilizadas en la corte para sugerir que víctimas de violación podrían estar mintiendo (Luchjebroers y Aldridge 2007). Cohn (1987) muestra cómo metáforas sexuales y relacionadas con la muerte caracterizan el discurso del ejército (ver también los estudios críticos del uso de la metáfora por hablantes poderosos de Charteris-Black 2005; Lakoff 2002, 1996).
  • Narración. Las narraciones indican identidades sociales de muchas formas (De Fina, Schiffrin y Bamberg 2006) y también pueden ser utilizadas para mostrar poder, como cuando algunas gerentes cuentan historias para mostrar lo duras que pueden ser como líderes (Holmes 2006).
  • Conversación. Muchas propiedades del habla muestran diferencias de poder o de estatus, como por ejemplo la toma de turnos, la secuenciación (e.g., apertura y cierre), las interrupciones, la iniciación y el cambio temático (ver, e.g., Hutchby 1996), especialmente cuando son estudiadas en relación con diferencias de género. Dependiendo de la cultura y el contexto, los hablantes más poderosos pueden hablar primero (pero no en Wolof, donde los hablantes de rango más bajo deben hablar primero; ver Irvine 1974).


Estas y muchas otras propiedades no solo caracterizan el discurso dominante como tal, sino que también son especialmente poderosas por sus efectos sociales y por el control mental y de las acciones de los receptores.

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3. Investigación en Análisis Crítico del Discurso

Luego de la descripción teórica de una aproximación crítica al discurso, revisaremos brevemente algunas investigaciones en ACD. Por motivos de espacio, debemos limitar nuestra revisión a estudios en inglés, a pesar de que una gran parte del conjunto de investigaciones de ACD se encuentra disponible en francés, alemán, español y en otras lenguas. También tendremos que enfocarnos solo en algunas de las áreas principales del ACD, tales como el estudio del género y la raza, como ejemplos típicos de indagación crítica, y en solo unos pocos géneros discursivos, como aquellos de los medios de comunicación y la política. Aunque muchos estudios discursivos que tratan aspectos de poder, dominación y desigualdad social no han sido conducidos bajo la etiqueta de ACD, debemos referirnos a algunos de ellos de todas maneras.

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3.1. Desigualdad de género

Un amplio campo de investigación crítica en discurso y lenguaje, que inicialmente no fue llevada a cabo dentro de la perspectiva de ACD, es la de género. De muchas formas, el trabajo feminista sobre el discurso se ha convertido en paradigmático para gran parte del ACD, especialmente debido a que mucho de este trabajo lidia explícitamente con la desigualdad social y la dominación, tanto así que hoy existe una corriente de ACD feminista (Lazar 2005). Para una revisión, ver Kendall y Tannen (2015); ver también otros libros recientes escritos y editados por (por ejemplo) Ehrlich (2008); Baxter (2005); Macaulay (2004); Sunderland (2004); Eckert y McConnell-Ginet (2003); Holmes y Meyerhoff (2003); McIlvenny (2002); Kotthoff y Wodak (1997); Wodak (1997); Cameron (1992, 1990); para una discusión y una comparación con un enfoque que enfatiza las diferencias culturales en lugar de las diferencias de poder y desigualdad, ver (por ejemplo) Tannen (1994a, 1994c); pero ver también Tannen (1994b), donde muchas de las propiedades de la dominación discursiva son abordadas en un análisis de diferencias de género en el contexto laboral.

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3.1. Desigualdad de género

Mientras la investigación sobre discurso y género se enfocó, inicialmente, en supuestas diferencias de género del texto y el habla (tales como el uso de diminutivos o preguntas ilativas por mujeres), un enfoque más crítico puso especial atención al acceso y la dominación masculina en las interacciones, tales como las interrupciones y el control de los tópicos de iniciación y cambio en la conversación.


Investigaciones actuales ponen de relieve que las diferencias de género (si están presentes) están estrechamente relacionadas con otros aspectos del contexto social y comunicativo –tales como la clase social, el estatus o el rol de los participantes- (Eckert y McConnell-Ginet 2003; ver también van Dijk 2008a; Macaulay 2004). A propósito, es notable que, mientras los estudios críticos discursivos de género y raza son numerosos, todavía exista escasa investigación sobre discurso dominante y clase social resistente, más allá de aquellas llevadas a cabo desde perspectivas sociolingüísticas y estilísticas (ver e.g., Fairclough 2000, 1992b, 1989). Así, por ejemplo, Willott, Griffin y Torrance (2001) muestran cómo delincuentes de cuello blanco y corbata, que han cometido delitos económicos, legitiman sus crímenes en términos de clase social en un contexto penitenciario con reclusos de clase baja.

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3.2. Etnocentrismo, antisemitismo, nacionalismo y racismo

Muchos estudios sobre desigualdad étnica y racial revelan un destacable grado de similitud entre los estereotipos, prejuicios y otras formas de menoscabo verbal que atraviesan tipos de discurso, medios y fronteras nacionales (para una revisión ver Wodak y Reisigl 2015). Por ejemplo, en un amplio programa de investigación que comenzó a inicios de 1980, hemos examinado cómo las relaciones de las minorías y las etnias en Europa y en las Américas son representadas en la conversación, las historias cotidianas, los reportes de noticias, los textos escolares, los debates parlamentarios, el discurso corporativo y el texto y el habla académicos (van Dijk 2009b, 2005, 1991, 1987,1984; Wodak y van Dijk 2000). Los temas estereotipados de diferencia, desviación y amenaza han sido estudiados, así como las estructuras narrativas, las características conversacionales (como dudas y reparos al mencionar a los otros), los movimientos semánticos como advertencias (e.g., “Nosotros no tenemos nada contra los negros, pero...”), las descripciones léxicas negativas sobre los otros (como “ilegales”), y una multitud de otras características discursivas. El objetivo de estos proyectos fue mostrar cómo el discurso expresa y reproduce prejuicios subyacentes sobre los otros en el contexto social y político.


La principal conclusión de este proyecto es que el racismo es una sistema complejo de dominación social, reproducido por prácticas sociales discriminatorias cotidianas (incluyendo el discurso) que se basan en, y controlan los, modelos mentales personales étnicamente sesgados y los prejuicios y las ideologías socialmente compartidas, como se explicó anteriormente. Puesto que las élites simbólicas controlan el discurso público, ellas son las responsables directas de la reproducción del racismo en la sociedad.

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3.3. Discurso mediático

Hoy, el análisis crítico del discurso de los medios ocupa un lugar central en el ACD, pero fue inicialmente introducido en los estudios críticos de la comunicación. El tenor crítico fue instalado por la serie de estudios “Bad News” llevada a cabo por el Glasgow University Media Group (1993, 1985, 1982, 1980, 1976) en relación con las características del reporte televisivo en la cobertura de varias problemáticas tales como disputas industriales (huelgas), la guerra de las Falklands (Malvinas) y la cobertura mediática del sida. Al mismo tiempo, el Centre for Contemporary Cultural Studies, dirigido por Stuart Hall, hizo contribuciones significativas al estudio crítico de los mensajes e imágenes mediáticas y su rol en la “vigilancia de la crisis” y la reproducción del racismo (ver e.g., Hall et al. 1980). En un espíritu crítico similar, Cohen (1980) estudió el “pánico moral” en relación con “los [grupos de jóvenes] mods y rockers” tal como fue (re)producido por la prensa sensacionalista británica (para una revisión de muchos otros abordajes del estudio de noticias, incluyendo estudios críticos, ver Allan 2010).

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3.3. Discurso mediático

Hacia fines de 1970, el primer estudio lingüístico crítico de los medios fue introducido por Roger Fowler y sus colegas (Fowler et al. 1979). Estos autores mostraron, entre otras cosas, cómo las propias estructuras de las oraciones, tales como el uso de la voz activa o pasiva, pueden reforzar la representación negativa de los actores de grupos excluidos, como los jóvenes negros, y pueden restar importancia a las acciones negativas de grupos excluyentes o autoridades, como la policía (ver también van Dijk 1991, 1988). Posteriores estudios críticos de los medios llevados a cabo por Fowler (1991) siguieron esta tradición, pero también pusieron atención al paradigma de los estudios críticos británicos que definen las noticias, no como un reflejo de la realidad, sino como un producto moldeado por las fuerzas políticas, económicas y culturales. Más que muchos otros trabajos críticos sobre los medios, Fowler se enfoca también en las “herramientas” lingüísticas para su estudio crítico, tales como el análisis sintáctico de la transitividad, la estructura léxica, la modalidad y los actos de habla.

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3.3. Discurso mediático

En las dos décadas pasadas, el abordaje de los medios desde enfoques de ACD se ha multiplicado. Estos estudios no solo investigan los contextos sociales y comunicativos de las noticias y de otros géneros de prensa o de difusión, como es el caso en los estudios críticos de los medios, sino que también los han asociado a un análisis sistemático de las estructuras del discurso mediático, como el léxico, la sintaxis, los tópicos, las metáforas, la coherencia, la descripción de actores, las identidades sociales, los géneros, la modalidad, la presuposición, las figuras retóricas, la interacción, los esquemas de noticias, y el análisis multimodal de imágenes, entre muchas otras estructuras (para una introducción, ver e.g., Richardson 2007). Como sucede en muchos estudios críticos de medios (no revisados aquí), estos análisis críticos son aplicados a la cobertura de problemáticas sociales y políticas apremiantes –tales como la Guerra del Golfo y la Guerra de Irak, la guerra contra la droga y el terrorismo (especialmente el ataque terrorista al World Trade Center) por un lado, y la globalización, el sexismo, el racismo y la islamofobia, por el otro- aunque desde un punto de vista analítico más centrado en el discurso (entre muchos otros libros, ver Machin y van Leeuwen 2007; Talbot 2007; O’Keeffe 2006; Richardson 2004; Fairclough 1995b; van Dijk 1991, 1988; Chilton 1988; ver también Cotter 2015 y los artículos publicados en la revista Discourse & Society).

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3.4. Discurso político

Debido a que el ACD se interesa especialmentepor el estudio crítico del abuso de poder –y su resistencia- no es sorpresivo que el discurso político haya sido un foco central en el ACD, incluso antes de que este fuese utilizado como una etiqueta, por ejemplo en los primeros trabajos de Chilton sobre el debate en torno a las armas nucleares, el lenguaje orweliano y las metáforas de seguridad (Chilton 1995, 1988,1985; ver también su introducción a los estudios discursivos políticos: Chilton 2004; Chilton y Schäffner 2002).


En muchos países, problemáticas, géneros, estudios empíricos y métodos, Ruth Wodak y sus colaboradores han sido quienes han tenido un papel protagónico en la aplicación del ACD al discurso político. En un gran número de libros y artículos, primero en alemán y luego en inglés, ella examinó el antisemitismo, el racismo, el nacionalismo, el discurso político de Waldheim y Haider y aquel sobre ellos, y el “modo de hacer” política cotidiano en Bruselas (ver, e.g., Wodak 2009, 1989; Wodak et al. 1999; Wodak y van Dijk 2000).


Los estudios sobre discurso político llevados a cabo por Fairclough, a menudo desde una perspectiva político-económica, han puesto especial atención a temas relativos a la globalización (Fairclough 2006) y a la política británica, tales como el discurso del New Labour (Fairclough 2000), siguiendo sus estudios fundacionales sobre lenguaje y poder (Fairclough 1989) y ACD (Fairclough 1995a). Su aproximación al ACD enfatiza, especialmente, la necesidad de relacionar las estructuras y las prácticas discursivas con las estructuras sociales y políticas a nivel macro.

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3.5. Poder profesional e institucional

El foco del ACD sobre la dominación y la resistencia implica un interés especial por el discurso institucional y organizacional, como es el caso de la política, los medios de comunicación masivos y el discurso de miembros de comunidades y grupos sociales. Por supuesto que hay muchas otras esferas sociales en las que el poder profesional e institucional y el abuso de poder han sido estudiados críticamente desde una perspectiva discursivo-analítica (junto a enfoques más sociológicos), tales como:


  • texto y habla en los tribunales (para una revisión ver Shuy 2015)
  • discurso burocrático (Sarangi y Slembrouck 1996)
  • discurso médico (para una revisión ver Jones 2015)
  • discurso educacional (Temple Adger y Wright 2015; ver además Rogers 2003; Corson 1995)
  • discurso académico y científico (Bizzel 1992; Martin 1998)
  • discurso corporativo y organizacional (Mayr 2015; ver también Grant et al. 2004; Fox y Fox 2004; Mumby 1993)
  • discurso de los sindicatos (Muntigl, Weiss y Wodak 2000)


En todos estos casos, el poder y la dominación se asocian a ámbitos sociales específicos (política, medios, derecho, educación, ciencia, etc.), sus élites profesionales e instituciones, y las reglas y rutinas que constituyen el contexto de la reproducción discursiva diaria de poder en tales campos e instituciones. Las víctimas o blancos de este poder son, usualmente, el público o la ciudadanía en general, las “masas”, clientes, audiencia, estudiantes, y otros grupos que dependen del poder institucional u organizacional. Desafortunadamente, sus discursos de resistencia y disenso han sido mucho menos estudiados en el ACD (ver Huspek 2009).

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4. Conclusión

En este artículo hemos visto que los análisis discursivos críticos lidian con la relación entre discurso, dominación y disenso. También hemos esbozado el complejo marco teórico necesario para analizar discurso y poder, y aportamos con una mirada de las muchas formas en las que el poder y la dominación se reproducen por el texto y el habla.


Sin embargo, aún existen varios vacíos metodológicos y teóricos. Primero, la interrelación cognitiva entre las estructuras discursivas y las estructuras del contexto social y local es raramente explicitada y, habitualmente, aparece solo en las nociones de conocimiento e ideología (van Dijk 1998). Así, a pesar de la vasta cantidad de estudios empíricos sobre discurso y poder, los detalles de la teoría multidisciplinaria del ACD que deberían relacionar discurso y acción con la cognición y la sociedad aún son parte de la agenda.

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4. Conclusión

Segundo, todavía existe una brecha entre aquellos estudios del texto y el habla más lingüísticamente orientados y los variados enfoques sociales y políticos. Los primeros, a menudo ignoran conceptos y teorías de la sociología y las ciencias políticas sobre abuso de poder y desigualdad, mientras que los segundos raramente involucran análisis discursivos detallados. La integración de diversos enfoques es, por lo tanto, muy relevante al momento de plantearse una forma satisfactoria de ACD multidisciplinario.


Tercero, todavía persisten grandes áreas de investigación crítica virtualmente inexploradas, tales como el estudio del discurso de clases sociales dominantes o en resistencia, así como de muchos otros géneros discursivos.


Por último, necesitamos un análisis más explícito de lo que significa ser “crítico” en ACD y de manera más general en la academia –por ejemplo, en términos de legitimidad, violación de derechos humanos, y las normas y los valores democráticos básicos de igualdad y justicia-. Es, finalmente, en esos términos que el ACD puede y debería actuar como una fuerza contra el abuso discursivo de poder.

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