Explicación
La ceruloplasmina inhibe la producción de radicales libres de oxígeno, limitando así
la lesión tisular vinculada a la inflamación. La proteína C reactiva estimula la síntesis
del antagonista del receptor de la IL-1, y la haptoglobina estimula la angiogénesis.
El CA 19-9 es un marcador tumoral de estructura glucoproteica asociado
fundamentalmente con cáncer de páncreas.
El sida es consecuencia de una infección por el virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH), que infecta preferentemente a la subpoblación linfoide T CD3+/CD4+
(linfocitos cooperadores). Para ello, se produce la interacción entre una
glucoproteína (gp 120) de la membrana del VIH con la molécula CD4 y un
correceptor para quimiocinas de linfocitos T, tras lo cual el virus se introduce en el
interior de la célula T y ejerce en ella un efecto citopático. Cursa con mayor
incidencia de neoplasias e infecciones por bacterias intracelulares facultativas
(Mycobacterium spp.), protozoos (Toxoplasma spp.) y hongos (Cryptococcus
neoformans y Pneumocystis jirovecii).
La hipoxia de la metahemoglobinemia es anémica por un doble mecanismo: a)
menor capacidad de transporte de oxígeno, ya que en la metahemoglobina el hierro
pasa de la forma ferrosa a la férrica, menos activa funcionalmente, y b) menor
liberación tisular de oxígeno, al existir una mayor afinidad de la Hb por el oxígeno
que transporta.
La exposición repetida al antígeno, y la consiguiente acción lesiva de
inmunocomplejos formados in situ, tiene su paradigma experimental en el llamado
fenómeno de Arthus: la administración repetida por vía subcutánea de un antígeno
extraño provoca una síntesis cada vez mayor de anticuerpos específicos; cuando
son abundantes, se unen al antígeno en el sitio de la inyección, lo que provoca una
lesión cutánea.
Las proteínas de la familia Bcl-2 intervienen en la liberación del citocromo C, y por
esa vía regulan la apoptosis; algunas son proapoptósicas (p. ej., proteínas Bad y
Bax) y otras antiapoptósicas (p. ej., proteínas Bcl-2 y Bcl-XL). Las proteínas de la
familia IAP, a las que pertenecen las proteínas XIAP y survivina, inhiben
directamente las caspasas y la apoptosis. A su vez, la proteína p53 regula las
acciones de las proteínas de la familia Bcl-2: promueve la acción proapoptótica de la
proteína Bax e inhibe las acciones antiapoptóticas de Bcl-2 y Bcl-XL.
Los fragmentos C3a, C4a y C5a activan los mastocitos y provocan la liberación de la
histamina contenida en sus gránulos intracitoplasmáticos. La histamina es un factor
fundamental para el desarrollo de anafilaxia y otras reacciones de hipersensibilidad,
de ahí que a los fragmentos C3a, C4a y C5a del complemento también se los
conozca como anafilotoxinas.
Los sistemas antioxidantes están constituidos por enzimas que inactivan los
radicales libres de oxígeno. Se incluyen, por ejemplo, las enzimas superóxido
dismutasa, catalasa y glutatión peroxidasa.
La reacción inmune de tipo IV mediada por linfocitos T citotóxicos interviene, en el
ámbito de la hipersensibilidad, en el desarrollo de lesiones tisulares producidas en la
infección por virus escasamente citopáticos, como el virus de la hepatitis B. En el
campo de la autoinmunidad, los linfocitos T citotóxicos están involucrados en el
desarrollo de diabetes mellitus de tipo 1.
Además de los receptores PRR de membrana de tipo toll (Toll-like receptor), en la
inflamación pueden intervenir receptores PRR citoplasmáticos, algunos de los cuales
se agrupan en complejos multiméricos denominados inflamasomas, que también
contienen caspasas; el interés de estas estructuras reside en que están involucradas
en la activación de la caspasa 1, la cual activa, entre otras, las moléculas de
pro-IL-1, transformándolas en moléculas de citocina proinflamatoria IL-1.
Los receptores PRR citoplasmáticos que intervienen en la inflamación son los
NOD-like receptors (NLR), en los que se incluyen dos familias, NOD y NALP, que
interaccionan con moléculas PAMP o DAMP. Los receptores NOD activan la
respuesta inflamatoria a través del factor NF-κB, y los receptores NALP la activan
agrupándose previamente en complejos multiméricos denominados inflamasomas,
en los que las moléculas de pro-IL-1 se transforman en la citocina proinflamatoria
IL-1.
En la inflamación, algunas interacciones moleculares promueven un aumento de
permeabilidad vascular, favoreciendo la extravasación leucocitaria; ejemplifican este
hecho la unión entre sí de sendas moléculas de adhesión PECAM-1, expresadas
tanto en las uniones interendoteliales como en los leucocitos.
El fragmento C3b del complemento es una sustancia con acción opsonizante, es
decir, facilitadora de la fagocitosis, mientras que el fragmento C5a propicia la
quimiotaxis de los leucocitos al foco inflamatorio, al igual que lo hacen las
quimiocinas producidas por el endotelio.
La mutación de un determinado protooncogén da origen a un oncogén, lo que
supone, en relación con la actividad del protooncogén del cual procede, un cambio
en las proteínas codificadas (ahora llamadas oncoproteínas), cuya consecuencia
final es una activación de su función normal. Los denominados genes supresores de
tumores codifican proteínas inhibidoras de la proliferación celular; cuando un gen
supresor de tumor muta o sufre cambios epigenéticos, se produce su inactivación
funcional. Tanto los oncogenes como los genes supresores de tumores mutados
determinan una proliferación celular excesiva y carcinogénesis.
La fiebre intermitente consiste en alternancia de días con fiebre y otros en los que la
temperatura corporal es normal, siguiendo un ritmo fijo. La fiebre «en agujas» consiste en grandes oscilaciones de la temperatura a lo largo del día. La
consideración de la curva febril puede tener cierto interés clínico; así, la fiebre
intermitente es característica del paludismo (se denomina fiebre terciana la que
aparece cada tercer día o 48 h y fiebre cuartana, cada cuarto día o 72 h), y la fiebre
«en agujas» sugiere bacteriemia.
Los linfocitos Th1 ejercen una acción proinflamatoria; IL-4 e IL-10 (citocinas
secretadas por linfocitos Th2) inhiben la secreción de citocinas de patrón Th1 y, por
tanto, la respuesta inflamatoria. Los linfocitos Th17 sintetizan citocinas
proinflamatorias, como IL-17.
Un ejemplo de reacción autoinmune de tipo II citoestimulante es la enfermedad de
Graves-Basedow, en la que intervienen autoanticuerpos dirigidos contra los
receptores de la hormona estimulante del tiroides (TSH), produciendo la misma
acción que esta, es decir, un aumento de la síntesis de hormonas tiroideas (de ahí la
denominación antigua de inmunoglobulinas estimulantes del tiroides que recibían los
citados anticuerpos).
Los síndromes autoinflamatorios sistémicos son un grupo de trastornos
caracterizados por la aparición de episodios febriles e inflamatorios generalmente
recurrentes cuya base fisiopatológica es un trastorno, a menudo hereditario (patrón
mendeliano), de la respuesta inflamatoria, en particular de la función del
inflamasoma. El ejemplo más relevante y frecuente de esta patología es la fiebre
mediterránea familiar, que se asocia con mutaciones en el gen MEFV (por
MEditerranean FeVer), regulador de la actividad del inflamasoma.
La IL-4 determina en los linfocitos B la síntesis y secreción de IgE específica para el
alergeno, y esta inmunoglobulina se une a los mastocitos o basófilos a través de
receptores para el fragmento Fc de dicha inmunoglobulina. La IL-5 estimula la
granulopoyesis eosinófila y activa los eosinófilos.
Entre las inmunodeficiencias primarias por alteración de la respuesta linfoide B, se
incluyen los defectos de interacción de moléculas coestimuladoras; en esta
circunstancia, los linfocitos T activados no expresan la molécula ligando de CD40,
por lo que los anticuerpos secretados por los linfocitos B son únicamente de clase
IgM y no se produce el cambio hacia la secreción de otros isotipos. El resultado es
una hipogammaglobulinemia IgA, IgG e IgE y un aumento de la IgM, de ahí la
denominación de síndrome de hiper-IgM.
El HIF es un factor de transcripción inducible en condiciones de hipoxia, que actúa,
entre otros, sobre genes involucrados en la glucólisis, la activación de la
eritropoyesis, la conversión de piruvato en lactato (activación del gen LDHA),
secreción de catecolaminas y la síntesis de citocinas proinflamatorias (activación del
factor nuclear κB).
El síndrome de activación macrofágica se caracteriza por una activación sistémica
de los macrófagos (asociada con disfunción de células linfoides citotóxicas) y la
correspondiente hipersecreción de citocinas proinflamatorias (se habla de «tormenta de citocinas»). Se presenta en el contexto de determinadas enfermedades
autoinmunes (especialmente en la infancia) e infecciosas.
La mutación del gen AIRE, que codifica la molécula del mismo nombre (AIRE:
autoinmune regulator), presente en el timo, determina una pérdida de tolerancia
inmunológica y un defecto de eliminación o deleción clonal T. La consecuencia es un
síndrome pluriglandular autoinmune de tipo 1.
En condiciones de hipoxia, el HFI-1 promueve una activación de la glucólisis,
activando genes de transportadores de glucosa al interior de la célula y de enzimas
de la vía glucolítica. También activa otros genes como el LDHA, que codifica la
enzima lactato deshidrogenasa, conversora de piruvato en lactato, y el gen PDK,
codificante de la piruvato deshidrogenasa cinasa, que inactiva la piruvato
deshidrogenasa, una enzima mitocondrial que convierte piruvato en acetil CoA.