Explicación
Aunque nos parezca extraño, el sonido viaja 4 veces más rápido en el agua que en el aire. Esto pasa porque en el agua las moléculas están mucho más juntitas y apretadas; entonces, se pasan la vibración del sonido como si fuera una carrera de relevos súper veloz. ¡En el aire, como las moléculas están más separadas, el sonido se demora más en saltar de una a otra!
El estribo no solo es el hueso más pequeño del oído, ¡es el más pequeño de todo el cuerpo humano! Su tamaño es similar al de un grano de arroz o a la cabeza de un alfiler (mide apenas entre 2.5 y 3 milímetros)
El oído tiene un GPS interno. Gracias a él, puedes caminar sobre una línea recta o montar en bicicleta sin caerte. Si el aire sonoro está muy contaminado por ruidos fuertes, nuestro sistema de alerta y calma también se puede ver afectado
¡Cuidado! Como es tan delgadito como un papel de seda, los ruidos muy fuertes o los objetos extraños pueden lastimarlo. ¡Por eso hay que protegerlo!
Aunque parezcan suaves, los copitos no son para limpiar el interior de los oídos. El oído es una máquina perfecta que se limpia sola. Al meter un copito, lo que hacemos es empujar la cera hacia adentro como si fuera un tapón, lo que puede lastimar el tímpano o causar infecciones. ¡Los oídos se limpian solo con la punta de la toalla y hasta donde llegue el dedo meñique!
Así como usamos los centímetros para medir cuánto medimos y los kilos para saber cuánto pesa una manzana, usamos los decibelios (dB) para medir qué tan fuerte es un sonido. Es la 'regla' que nos dice si un sonido es un suave susurro o un grito poderoso.
Nuestros oídos tienen un 'superpoder' de aguante, pero no son invencibles. El límite seguro es de 85 decibelios. Si escuchamos sonidos por encima de ese número durante mucho tiempo (como música a todo volumen con audífonos o gritos constantes), las células de nuestro oído se cansan y pueden morir. ¡Y esas células no vuelven a nacer!
El ruido es un sonido que no tiene orden y que resulta molesto o desagradable al oído. A diferencia de la música o una voz suave, el ruido es 'basura sonora' que interrumpe nuestra tranquilidad y nos impide concentrarnos
¡Nuestro oído es un guardián que nunca duerme! Aunque estemos profundamente dormidos, el oído sigue encendido para avisarnos si hay algún peligro (como una alarma o un grito). Por eso, para que el cuerpo descanse de verdad, necesitamos que el aire sonoro de la habitación esté en silencio
Es el médico encargado de cuidar tres partes muy importantes que están conectadas: el Oído, la Nariz y la Garganta. Como su nombre es tan largo y difícil, los niños (y muchos adultos) le decimos simplemente 'El Otorrino'. Él es quien revisa que nuestro tímpano y nuestros huesecillos estén sanos.
Usar audífonos con el volumen muy alto es como poner un parlante gigante justo en la puerta de tu tímpano. El sonido entra con tanta fuerza que puede causar daños permanentes. La regla de oro es la del 60/60: No usar audífonos por más de 60 minutos y nunca pasar del 60% del volumen del aparato
Porque el aire tiene peso y, a medida que el avión sube muy alto, ese peso cambia. A esto se le llama presión atmosférica. Nuestros oídos tienen un poquito de aire atrapado adentro; cuando el avión sube o baja rápido, ese aire empuja el tímpano hacia afuera o hacia adentro porque no alcanza a equilibrarse con el aire de afuera. ¡Es como si el aire de la montaña y el aire del mar estuvieran haciendo fuerza contra tus oídos!
¡Cuidado! Muchos niños piensan que la cera es suciedad, pero en realidad es el escudo protector de nuestro oído. Es como una 'trampa pegajosa' que atrapa el polvo, los bichitos y las bacterias para que no lleguen al tímpano. Además, la cera tiene un olor y un sabor que a los microbios no les gusta nada, ¡así que los mantiene alejados! Por eso no es mugre, es protección natural.
¡No te confundas! La contaminación acústica no tiene nada que ver con el humo o la basura que vemos en el suelo. Se trata del exceso de ruido en un lugar. Es cuando hay tantos sonidos fuertes, molestos y al mismo tiempo (como pitos de carros, gritos y música a todo volumen), que el ambiente se vuelve 'tóxico' para nuestros oídos y nuestro cerebro. Aunque no se vea como el humo, la contaminación acústica nos pone estresados, nos quita el sueño y nos impide aprender bien en el salón