Explicación
En los primeros capítulos, Daniel cuenta con orgullo que trabaja como ingeniero y que tiene un puesto de jefe en su oficina.
Daniel vive en Saltillo y desde ahí tiene que viajar a la capital de México cuando lo llama su prima.
Bertha es su secretaria de confianza. Daniel nota que se pone celosa con la llamada y empieza a llamarlo formalmente "ingeniero".
Elena le explica que el mozo entregó las llaves al cumplirse un año de la muerte de la tía y que el notario los busca para leer el testamento.
Elena le cuenta a Daniel que no pudo convencerlo de quedarse, ya que Ruperto cumplió su promesa y se fue a descansar a su tierra.
Cuando Daniel propone mandar un permiso firmado para no viajar, Elena le aclara que el notario exige que vayan los dos herederos.
Toda la historia de misterio y amor gira en torno a la vieja casona del centro de la ciudad, en Isabel la Católica 45.
Daniel recuerda que su prima es muy bonita, pero también muy nerviosa, y más con el ambiente tan pesado que se siente en la casa.
Al mirar el árbol familiar, Daniel nota que el nombre de Elena aparece una y otra vez por el lado de sus tías, y que él es el único varón.
Guiado por lo que leyó, Daniel quita la madera de la ventana y encuentra el hueco secreto con la bolsa de cuero que buscaba.
Daniel cuenta que mientras veía la bolsa tocaron la puerta, y era el funcionario que iba a investigar el cuarto secreto.
El ayudante se queda con la boca abierta por lo bonita y bien conservada que estaba la joven, algo increíble para un cuerpo de hace tantos años.
Al salir de la casa, el doctor le confiesa a Daniel que tocar a Ángeles fue una experiencia mágica y espiritual que nunca olvidará.
El doctor decide ayudar con los papeles del entierro gratis, con la única condición de mantener en secreto lo que pasó en esa habitación.
Daniel va con unos expertos en joyería quienes, después de revisar el metal, le ofrecen dos millones de pesos por todo el lote.
Daniel siente que lo correcto no es quedarse el dinero para enriquecerse, sino usarlo para comprar los ataúdes y velar a la familia del pasado.
Por costumbre, la secretaria de la funeraria anota fechas actuales, y Daniel tiene que corregirla y explicarle que murieron hace dos siglos.
Como no sabe la causa médica exacta, Daniel usa una frase muy bonita de un poema para decir que simplemente le llegó su hora.
Para cuidar el respeto de la casa y evitar chismes, Daniel no deja pasar a la prensa y se los lleva a otro lado para dar declaraciones.
Don Ricardo le confiesa al ingeniero que Elena tiene una mirada tan profunda que supo cosas muy íntimas que él nunca le había contado a nadie.
Los papeles amarillos que Daniel encuentra son el diario íntimo donde Ángeles escribió su hermosa y triste historia de amor.
Al leer el diario, Daniel siente mucha tristeza al darse cuenta de que Ángeles era casi una niña cuando la tragedia la alcanzó en esa casa.
En la parte del pasado, se cuenta que el dueño de la casa era Don Domingo, un hombre muy poderoso que trabajaba para el Rey.
El diario cuenta que Ángeles tenía una hermana llamada Elena, con quien compartía todos sus secretos y miedos dentro de la casa.
En un momento a solas durante un viaje, Tomás le abre su corazón a Ángeles y le cuenta de dónde viene su familia.
Ángeles va al bosque a llorar por la muerte de su amiga. Tomás la encuentra, la consuela y ese momento de cariño inicia su romance.
Al platicar con su nana en la cocina, Ángeles se entera de que su papá tuvo otro hijo en secreto, lo que le causó muchas lágrimas a su mamá.
El romance secreto de los jóvenes se vuelve muy peligroso cuando Ángeles descubre que va a tener un bebé, desafiando el honor de su estricta familia.
Elena se preocupa mucho por Ángeles, pues le da terror pensar en lo que su papá les haría si descubriera el secreto.
El papá decide romper todo lazo con ella. Se niega a mirarla o hablarle, haciendo que Ángeles viva con una gran tristeza dentro de la casa.
Don Domingo decide quitarle la libertad por completo. La encierra en su recámara y ordena que una sirvienta le lleve comida a escondidas por las noches.
Cuando Ángeles llora y pide ver a su nana, la sirvienta le aclara que el patrón prohibió que cualquier persona le hablara, bajo amenaza de un fuerte castigo.
El secreto más terrible de la casa es que el papá, por orgullo y venganza, los encerró detrás de una pared con candados, dejándolos morir ahí dentro.
Daniel ve con asombro que mientras los restos de Tomás y del bebé ya eran solo huesos, el cuerpo de Ángeles parecía el de alguien que solo dormía.
Encontrar este camafeo es la primera gran pista de que Elena y Ángeles están conectadas de una forma mágica, pues tienen exactamente la misma cara.
Daniel se asusta porque Elena dice el nombre del bebé sin haber leído el diario, demostrando que su alma recordó la tragedia que vivió hace siglos.
Tomás arriesgaba su vida cada noche usando herramientas en silencio para romper la piedra y rescatar a su esposa e hijo de su encierro.
En la lectura se muestra que Elena es la misma Ángeles que volvió a nacer, y que el destino le dio una oportunidad en el presente para vivir el amor que le robaron.
Daniel es un hombre competitivo al que le gusta ganar y tener puestos de jefe, por eso le va tan bien en su empresa.
La novela da a entender que el cuerpo de Ángeles no se deshizo con el tiempo porque ella murió en paz, perdonando de corazón la crueldad de su padre.
Elena se vuelve la sensación del casino del barco al ganar muchas veces seguidas en la ruleta, y Daniel, divertido, le pide que ya deje descansar a la suerte.
Al final, la pareja decide dejar atrás los secretos de la casona de México y se mudan a disfrutar su amor en los paisajes de Puerto Rico.
Para cerrar ese capítulo tan triste y poder ser felices lejos de ahí, Daniel toma la decisión de venderle la propiedad a Don Ricardo.
El ambiente se pone más misterioso desde el inicio, ya que el cielo de la ciudad lo recibe con lluvia y frío.
Elena saca de su bolsa la pesada llave antigua que le entregó el mozo Ruperto para abrir el viejo portón.
Al haber estado cerrada por un año completo, la casona tiene el clásico olor de los lugares antiguos y olvidados.
El libro describe la casa como un edificio hermoso del pasado, construido con piedras coloniales típicas del centro.
En medio de la sala abandonada destaca un piano viejo tapado para protegerlo del polvo acumulado.
Los vecinos la veían como una mujer solitaria y misteriosa que prefería quedarse encerrada en su enorme propiedad.
Elena recuerda con cariño que la única compañía de la tía era un gato negro que siempre andaba por los pasillos.
Los dos primos notan que el aire se vuelve frío y da escalofríos cada vez que caminan cerca de los escalones altos.
La cocina conserva el estilo de antes, con ollas de barro, platos de talavera y una estufa muy vieja que ya no se usa.
Daniel recuerda que desde pequeños se llevaban muy bien y les encantaba jugar a esconderse en lugares grandes.
Para ganarle a la oscuridad y calmar los nervios de su prima, Daniel enciende su linterna de viaje de inmediato.
Al intentar dormir, el silencio de la noche se rompe con ruidos inexplicables que vienen de la parte más alta de la propiedad.
La tía Dora anotó datos muy valiosos sobre el pasado colonial de la casona en un pequeño cuaderno que Daniel encuentra en su escritorio.
El patio mantiene el diseño original de la época colonial, con piedras redondas acomodadas una por una.
A pesar del descuido y los años, en un rincón del patio todavía florecen hermosas rosas de color blanco.
En los papeles del testamento se menciona que la tía vivió una larga vida hasta los ochenta y cinco años.
Elena confiesa que no le gusta quedarse sola frente a ese espejo porque siente una energía extraña al verse en él.
Daniel nota con sorpresa que siempre abre los ojos asustado justo cuando el reloj marca las tres de la mañana.
Al abrir el baúl, Daniel descubre vestidos antiguos con encajes, que parecen haber pertenecido a las jóvenes de la casa hace siglos.
Ángeles escribe que pasaba muchas horas del día bordando telas finas mientras disfrutaba de la luz del sol que entraba por su ventana.
Tomás trabajaba para la familia, y el primer contacto entre los dos fue un gesto amable de él al ayudarla a descender del coche.
La música de la casa colonial corría por cuenta de la hermana de Ángeles, quien practicaba en el clavecín para alegrar las tardes.
A diferencia de la moda exagerada de su época, Ángeles prefería la comodidad de los vestidos claros y ligeros.
Para que nadie los viera platicar, los enamorados se encontraban en la parte trasera de la casa, cerca del área de los caballos.
Como Tomás era un trabajador humilde, le obsequió un lindo pañuelo hecho por él mismo, el cual Ángeles guardó como su mayor tesoro.
Ángeles dedica varias líneas de su cuaderno a elogiar la mirada sincera y los ojos claros del joven cochero.
Domitila descubrió a los novios platicando en secreto y, para quedar bien con el patrón, acusó a Ángeles de inmediato.
Don Domingo enfureció por completo al sentir que se manchaba el honor de su familia y castigó a Tomás con mucha violencia.
El oidor convirtió la casa en una prisión para su propia hija, impidiendo que cualquiera pudiera ayudarla a salir.
En la época colonial se escribía con plumas que se mojaban en tinteros, y Ángeles tenía que hacerlo con mucho cuidado para no hacer ruido.
La joven encontró una madera floja en el suelo de su cuarto y usó ese hueco como el escondite perfecto para sus secretos.
Arriesgando su propia vida, la fiel nana Isaura logró burlar la vigilancia del papá para no dejar sola a Ángeles en ese momento tan importante.
Como muestra de que su amor seguía vivo a pesar del encierro, Ángeles le puso a su tierno hijo el mismo nombre que el del cochero.
Para ocultar el secreto ante la sociedad del centro de México, el papá despidió a todos los empleados sospechosos de ayudar a su hija.
El diario cuenta los desesperados intentos de Tomás por abrir un camino en la piedra usando un cincel para liberar a su esposa e hijo.
Daniel se conmueve muchísimo con la lectura del cuaderno y se enoja por el terrible castigo que sufrieron sus antepasados.
Daniel escoge un ataúd sencillo pero muy hermoso de color claro, que combinaba con la paz y la pureza que transmitía el cuerpo intacto de la joven.
En un gesto de respeto, los primos colocaron las cartas dentro del ataúd de Ángeles para que durmiera con sus recuerdos de amor para siempre.
Agradecido por sus años de apoyo, Daniel se despide de Bertha de forma muy amable con un obsequio útil antes de emprender su nueva aventura.
Al salir de ese lugar lleno de fantasmas y recuerdos trágicos, Elena siente una gran paz en su corazón, lista para empezar su propia vida.
El libro finaliza con la felicidad de los protagonistas, disfrutando del mar, el sol y la hermosa libertad que tanto buscaron sus almas.
Daniel piensa que, sin saberlo, su tía fue elegida por el destino para comprar la casa y lograr que las almas de los jóvenes por fin descansaran.
En su diario, Ángeles escribe que su bebé parecía sentir la misma tristeza y el rechazo de su abuelo, porque casi no se movía dentro de su vientre.
Daniel ve con asombro que mientras los restos de Tomás y del bebé ya eran solo huesos, el cuerpo de Ángeles parecía el de alguien que solo dormía.
Tomás se sorprende al ver que el padre, que llevaba meses descuidado y deprimido, se vistió ese día con su ropa más elegante y majestuosa.
Al abrir la habitación que estuvo cerrada por siglos, Daniel descubre los muebles viejos llenos de polvo y los papeles donde se guardaba el secreto.
Los primos encuentran una botella de vino que nadie tocó en cientos de años y deciden abrirla para brindar por su reencuentro.