Explicación
Los patricios eran las familias fundadoras y privilegiadas.
Los plebeyos tenían derechos limitados frente a los patricios.
Los libertos eran ex-esclavos liberados con derechos civiles.
El Senado asesoraba y manejaba recursos y política exterior.
Patricios y plebeyos participaban en leyes y elecciones.
La declaración se fundamenta en libertad, igualdad y fraternidad.
Se eliminan privilegios feudales e impuestos igualados.
Las mujeres no obtuvieron derechos civiles/políticos en 1789.
Olympe defendió derechos de la mujer en 1791.
El Código Napoleónico limitó progresos logrados.
La legislación ateniense restringía estrictamente la condición de ciudadano a los varones nacidos de progenitores libres y locales, dejando fuera a la gran mayoría de la población.
Aunque gozaban de libertad personal para el comercio y la artesanía, carecían de derechos políticos y territoriales, pero compartían cargas fiscales y militares.
El sistema espartano valoraba el entrenamiento y la salud femenina para concebir guerreros fuertes, otorgándoles mayor protagonismo político y libertad que en Atenas.
A diferencia de Atenas, donde los esclavos tenían dueños particulares, los ilotas pertenecían al Estado espartano y estaban asignados a la producción agrícola doméstica.
La educación espartana priorizaba la resistencia física, la disciplina y el combate militar, rechazando incluso a los niños débiles o enfermos por no ser útiles para la guerra.
n ambos modelos de polis, las mujeres, los extranjeros residentes y los esclavos estaban totalmente excluidos de los derechos de ciudadanía política.
Los plebeyos conformaban la mayoría de la población libre y organizaron movimientos de protesta históricos para equilibrar la balanza de poder frente a los patricios.
La República se estructuraba sobre el equilibrio entre los Magistrados (que ejecutaban), el Senado (que aconsejaba y controlaba la política exterior) y los Comicios (asambleas de votación).
El estatus de liberto (esclavo liberado) conllevaba ciertas limitaciones políticas civiles, pero la legislación romana otorgaba la ciudadanía automática y plena a su descendencia nacida en libertad.
La República nació tras la expulsión del último rey etrusco, cambiando el sistema de poder concentrado por una estructura de instituciones compartidas ("Res pública").
Para evitar la tiranía o el retorno a la monarquía, los cónsules ejercían el cargo ejecutivo de forma dual y temporal, limitándose y equilibrándose entre sí.
Las profundas tensiones sociales y las guerras civiles debilitaron las instituciones republicanas, provocando que los líderes militares concentraran el poder, lo que derivó en la figura del Emperador.
La crisis agrícola de 1760 y los gastos derivados de apoyar la independencia de Estados Unidos endeudaron a la monarquía, que descargó la presión fiscal exclusivamente sobre el Tercer Estado.
El Antiguo Régimen dividía a la sociedad en estamentos; la nobleza y el clero gozaban de exenciones fiscales, derechos señoriales y el monopolio del poder político frente al pueblo llano.
Montesquieu planteó en su obra que, para evitar la tiranía del absolutismo, el poder del Estado debe fragmentarse en ramas independientes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).
Rousseau rompió con la teoría del derecho divino de los reyes, argumentando que el poder político legítimo nace del consentimiento y pacto de la voluntad general de los ciudadanos.
Ante la negativa de los estamentos privilegiados de votar por cabeza (individualmente) en lugar de por orden, el Tercer Estado rompió con el formato tradicional y asumió la soberanía nacional.
Su postura crítica y la defensa de la igualdad de derechos la llevaron a ser perseguida y finalmente ejecutada en la guillotina en 1793 durante el Periodo del Terror.
La Constitución de 1791 no eliminó al rey inmediatamente; limitó sus atribuciones obligándolo a cogobernar junto al poder legislativo de la Asamblea.
A pesar de poseer un alto nivel económico y educativo, la burguesía carecía de títulos aristocráticos, por lo que formaba parte del Tercer Estado junto a los campesinos y obreros urbanos.
los derechos no siempre han existido para todos; han sido el fruto de constantes movimientos y demandas sociales a lo largo de la historia humana.
Tras capturar Babilonia, Ciro el Grande emitió un decreto en un cilindro de arcilla que muchos consideran el primer antecedente de los derechos humanos universales.
El Cilindro de Ciro marcó un hito antiguo al decretar de forma pionera la libertad religiosa, terminar con la condición de esclavitud y permitir el retorno de los desplazados.
Este pacto en el mundo árabe representó un esfuerzo temprano de cooperación social para resguardar la justicia y dar amparo a las personas vulnerables y desprotegidas.
La Magna Carta introdujo protecciones clave frente al arbitrio real, tales como el derecho a la propiedad, herencia y las garantías judiciales básicas contra arrestos ilegales.
El Habeas Corpus es una de las mayores garantías de la libertad civil, asegurando que cualquier detención deba ser revisada y avalada con prontitud por una autoridad judicial competente.
John Locke (1632-1704) argumentó que la legitimidad del gobierno descansa en el consentimiento de los gobernados, defendiendo los derechos naturales e innatos a la vida, la libertad y la propiedad.
Thomas Jefferson plasmó los ideales ilustrados en la Declaración de 1776, estableciendo que la igualdad, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad son derechos inalienables de todo ser humano.